Del libro “El Don de Volar”: PETICIONES

Autor: Richard Bach – Por: Prensa OHF

Ten cuidado con lo que pides —dijo alguien una vez—, porque lo vas a recibir.

Pensaba en eso mientras hacía virar bruscamente un veterano Fokker D-7, desempeñando el pequeño papel que me correspondía en la gran escena del combate aéreo de Von Richthofen and Brown. El plan había parecido muy claro y seguro cuando lo trazamos en la pizarra de la sala de reuniones, pero ahora, en el aire, resultaba aterrador: catorce reproducciones de cazas apiñados en un pequeño cubo de cielo, persiguiéndose unos a otros, con unos pocos que perdían su posición y bajaban en un picado ciego entre los demás, pinturas irisadas que reflejaban la coloreada luz del sol, la fuerte y rápida explosión de un motor Pfalz, mientras el avión bajaba como un rayo sin lograr ver nada, excepto estelas de humo y un denso olor a fuegos artificiales en el aire.

Todo el mundo sobrevivió esa mañana, pero a mí todavía me impresionaba pensar que uno debe tener cuidado con lo que pide. Porque hace dos años, en mi primer artículo para una revista, yo pedía que los que aprendimos a volar en aeroplanos de cabina cerrada pudiéramos tener un lugar donde alquilar uno de cabina abierta, para divertirnos… «…y despegar en un Fokker D-7 con 150 caballos de fuerza en el morro».

Y en ese momento, provisto de mi casco, mis gafas protectoras y una bufanda, pilotaba un aeroplano amarillo, azul, blanco y verde, con las letras Fok. DVII escritas auténticamente en el fuselaje. Al terminar la película, volví a Estados Unidos con 48 horas en Fokkers, Pfalzes y SE-5s, con mis peticiones concedidas hasta tal punto que durante mucho tiempo no volví a sentir deseos de realizar ese tipo de vuelos.

Pocos años después de haber pedido la posibilidad de volar en un Fokker, había salido a dar una vuelta en el J-3 Cub de Chris Cagle, durante un encuentro de pilotos en Merced. Tengo la impresión de que Chris había completado mil horas solo en ese Cub. Y mientras volábamos en el transcurso de esa tarde me mostró cómo volar a cero millas por hora y cómo hacer rizos y barrenas con el aparato. Recuerdo haber mirado por la puerta abierta el hinchado neumático que hacía pensar en un grueso donut, y luego más abajo hacia tierra, diciéndome que ése era un estupendo aparato y jurándome que algún día poseería uno. Hoy lo tengo, con sus grandes ruedas hinchadas como gruesos donuts y las puertas que se abren durante el vuelo, y miro hacia abajo y recuerdo. Por supuesto, volvió a suceder: recibí lo que pedí.

Lo he visto ocurrir una y otra vez en mi vida y en las vidas de gente que conozco. He intentado encontrar a alguna persona que no haya recibido lo que pidió, pero hasta el momento no la he hallado. Yo creo en eso: todo lo que anhelamos en sueños se abre algún día a nuestra experiencia.

En Nueva York, conocí una chica que vivía en una atestada habitación en Brooklyn, rodeada por viejos edificios de hormigón y ladrillos agrietados, por la frustración y el miedo, y por la pronta y descontrolada violencia en las calles. Me pregunté en voz alta por qué no salía de allí, por qué no se trasladaba a Ohio o Wyoming, donde podría respirar con libertad y tocar la hierba una vez en su vida.

—No podría hacerlo —me dijo—. No sé lo que es vivir allí. Y luego agregó algo muy honesto y sagaz: “—Supongo que el miedo a lo desconocido es superior al odio que siento por lo que me rodea…”

En su petición decía: Prefiero los motines callejeros, la miseria, los metros y las aglomeraciones, a lo desconocido. Recibió lo que pidió: no hay nada en su vida que no haya conocido antes.

De inmediato comprendí que era un hecho obvio: el mundo es como es porque así deseamos que sea. Sólo en la medida en que cambian nuestros deseos cambia el mundo. Recibimos todo lo que pedimos.

Miren a su alrededor y lo comprobarán. Todos los días podemos dar pasos hacia la respuesta de nuestra petición, sólo tenemos que inclinarnos e ir dándolos uno a uno. Di muchos pasos para llegar al Fokker. Hace unos años, trabajé con un hombre en su revista y así lo conocí. Sus peticiones tenían que ver con aviones antiguos, negocios y películas y aprovechó la oportunidad de comprar, en una transacción con un estudio cinematográfico, una flota de cazas de la Primera Guerra Mundial. Cuando me dijo eso, comenté que, si alguna vez necesitaba un piloto, contara conmigo, es decir, di un paso que se me ofreció espontáneamente. Un año más tarde, necesitó dos pilotos norteamericanos para unirse al grupo que volaba los Fokker en Irlanda. Cuando me llamó, yo ya estaba preparado para llegar al final del sendero que había comenzado con ese primer artículo, esa primera petición acerca del D-7.

Hace algunos veranos, cuando recorría el “Midwest” llevando gente a volar por tres dólares, uno o dos pasajeros solían decirme:

—¡Qué estupenda vida hace usted, libre para ir donde quiera, cuando se le ocurra…!Ojalá yo lo pudiera hacer! Como si realmente lo desearan.

—Entonces, vengan conmigo —les replicaba yo—. Pueden vender billetes, mantener a la muchedumbre fuera de la pista y poner los cinturones de los pasajeros en el asiento delantero. Podríamos hacer suficiente dinero como para sobrevivir o no ganar un céntimo. En todo caso, lo invito.

Decía esto porque en primer lugar me sería útil tener a alguien que vendiera los billetes y luego porque sabía la respuesta: primero un silencio y a continuación:

“—Gracias, pero verá, tengo este trabajo. Si no fuera por eso, me iría con usted…”

Todo lo cual sólo quería decir que ese ansioso deseo no era tal, que cada uno había pedido con más fuerza por su trabajo que por la vida de un piloto gitano, de igual modo que la chica de Nueva York había rogado más por su vivienda que por la hierba de Wyoming o por cualquier otra cosa desconocida.

Cuando vuelo, pienso con frecuencia en todo esto. Siempre recibimos lo que pedimos, nos guste o no, y no se aceptan excusas. Cada día más nuestras peticiones se convierten en hechos, nos convertimos en lo que más deseamos ser. A mí todo esto me suena a justicia; no puedo decir que me preocupe la forma en que está hecho el mundo.

Von Richthofen and Brown – Original 1971 Trailer.

Publicado por prensaohf

Periodista y Corresponsal Naval.

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