Francisco “Paco” Mayorga y el “Rally Argentina”

Por: Oscar Filippi – Para: Prensa OHF
Fotos: Martin Christie, Javier Antun Urbano, Matías Álvarez Ferreira, Revista Corsa N° 896 / 897, F1-Web, Facebook Historia del rally en Argentina, Facebook Baúl de recuerdos del automovilismo.

En agosto se cumplirán 40 años desde la primera y única vez en la que el “Rally Argentina” se disputó con epicentro en Bariloche. La carrera deparó niveles extremos de barro, nieve y hielo. En estas condiciones, el dominio fue marcado por la tracción integral de los “Audi Quattro”, cuya lista de pilotos incluyó a Luis Rubén Di Palma. Pero, hoy repasaremos otra historia menos explorada. Martin Christie nos hablará de su binomio con Francisco “Paco” Mayorga, a bordo del Lancia 037 Rally. Quizás, el auto más complejo para una carrera que combinó los máximos desafíos de Suecia y el Safari.

Corría el año 1983 y por ese entonces el “Campeonato Mundial de Rally” (WRC) volvía a la Argentina tras un año de ausencia, a causa del conflicto bélico de Islas Malvinas. En su regreso, el WRC se aprestaba para incursionar por primera vez en la Patagonia. Tras dos ediciones del evento en Tucumán, la competencia volvía a evocar parte del espíritu que supo tener el “Rally CODASUR 1979”, que también transitó sectores del sur argentino. Pero, esta vez, epicentro estaría en San Carlos de Bariloche, ciudad turística que albergó la octava fecha de la temporada 1983 del 2 al 6 de agosto.

Por aquellos años, aún era tradición que el “Rally Argentina” se ponga en marcha con su tradicional rampa de “largada ceremonial” en la sede del Automóvil Club Argentino, ubicada sobre Avenida del Libertador 1850, de la ciudad de Buenos Aires.

Desde allí, se emprendió en 1983 un inmenso enlace hasta Neuquén, donde se disputaron los primeros tramos, pese a que la competencia tenía su parque de asistencia a orillas del Lago Nahuel Huapi, en Bariloche. En definitiva, la carrera comprendía una maratónica experiencia de 18 pruebas especiales y 1.254,34 kilómetros cronometrados. De los 94 vehículos registrados, solo 27 llegarían a la meta, lo cual describe el inconmensurable desafío que la competencia iba a implicar.

Pero, antes de abordar en profundidad la historia de Francisco “Paco” Mayorga y Martin Christie, resulta necesario poner a la carrera en su contexto propiamente dicho, dentro del WRC. Por ese entonces, el “Rally Argentina” albergó la octava de las doce fechas que tuvo una temporada que había iniciado con dominio de Lancia. De los siete eventos anteriores, cuatro habían sido ganador por la marca italiana, con tres triunfos para el alemán Walter Röhrl, en Monte-Carlo, Acrópolis y Nueva Zelanda, más uno extra para el finlandés Markku Alén, quien se impuso en el Tour de Córcega.

Si exceptuamos los rallyes de Suecia y Safari, donde los Audi fueron inmensamente superiores, los Lancia 037 Rally conseguían sacar gran provecho de su tracción simple al eje trasero, tanto en asfalto, como en aquellos eventos con tierra firme y compactada. Pero, indudablemente, al llegar a cualquier piso demasiado blando y suelto, los coches italianos no tenían oportunidad alguna contra la tecnología «Quattro». De allí, los triunfos que en Suecia y Portugal obtuvo Hannu Mikkola, a la postre campeón de 1983.

Al “Rally Argentina” de aquella temporada llegaron un total de siete binomios europeos. Lancia no trajo a su máximo referente, Walter Röhrl, sino que solo trajo dos coches para Alén y el italiano Adartico Vudafieri, más un tercer 037, que en principio estaría destinado para Carlos Reutemann. Por otro lado, Audi llegaba un cuarteto de «Quattro A2», para Mikkola, el sueco Stig Blomqvist, la francesa Michele Mouton y el keniata Shekhar Mehta. Aun así, también se registró para competir el austriaco piloto que supo incursionar en el rallycross, Franz Wurz, con un «Audi 80 Quattro».

El Lancia 037 Rally, de Francisco «Paco» Mayorga y Martin Christie.

Un inmenso lote de argentinos también se registró en el “Rally Argentina 1983”. Pero, dado que Carlos Reutemann decidió no tomar parte del evento, poco antes de la carrera, una de las máximas figuras nacionales pasaba a ser Luis Rubén Di Palma, cuyos múltiples títulos en el Turismo Carretera, Fórmula 1 Mecánica Argentina y sus victorias en TC2000 lo ubicaban como uno de los pilotos más populares de su época. Tras una invitación de Volkswagen, el arrecifeño tuvo así la posibilidad de aplicar su experiencia de carreras en ruta a su debut en rally y a su estreno con un coche del Grupo B.

Por fuera de Di Palma, otro de los grandes atractivos nacionales estaba en el equipo oficial Renault, con sus “18 GTX” conducidos por Jorge Recalde, Ernesto Soto y Alejandro Moroni. Por capacidad técnica, económica y conductiva, era el grupo favorito y candidato a luchar por la victoria del Grupo A, pese a que también destacaba la participación de Gabriel Raies y Miguel Torras, con los “Renault 12 TS” de la Clase 6 y Jorge Bescham, quien se inscribió para competir con un Fiat 128.

Pero, más allá del “Loco” Di Palma, había otro binomio argentino registrado con un auto del Grupo B. Aquí es donde entran en escena los protagonistas de nuestro artículo de hoy: Francisco Mayorga y Martin Christie. Quien fuera conocido popularmente como “Paco”, también se había vuelto un piloto referente en Argentina, con sus tres títulos de Turismo Nacional en 1972, 1973 y 1982, épocas en las que protagonizó los duelos “Fiat vs Peugeot”, junto a Osvaldo “Cocho” López y el propio Reutemann.

Aun así, “Paco” Mayorga también había reunido una vasta experiencia en grandes carreras de ruta. Supo disputar los Grandes Premios Internacional de Turismo e Internacional Mejorado, el 19 Capitales de Uruguay, la Vuelta a la América del Sud y las dos primeras ediciones del Rally CODASUR, cuya experiencia de 1980 fue a bordo de un Fiat 131 Abarth alquilado. Ese contacto para acceder al coche italiano, a través del técnico, Giorgio Pianta, y el director de equipo, Nini Russo, se convirtió a la postre en uno de los disparadores de su posterior incursión con el Lancia 037 Rally para 1983.

Aquí es donde comenzamos a dar lugar al protagonista que contará la historia desde adentro: Martin Christie. “Al principio, el tercer Lancia 037 fue traído a la Argentina para que corra Carlos Reutemann, pero “Lole” hizo las pruebas previas y vio que las condiciones de barro y nieve que ofrecía el sur no iban a ser ideales para un auto de tracción simple. Por esa razón, él descartó su participación”.

“Entonces, “Paco” aprovechó la gran relación que tenía con Nini Russo y no solo alquiló el auto, sino que también me invitó para que lo acompañe en esa carrera. Por eso, el recuerdo con el Lancia 037 va a quedar conmigo toda la vida, porque pude darme el gusto de decir: ‘corrí a bordo de un Grupo B’. La verdad es que era un auto fantástico para determinados tipos de pisos, pero no para este Rally Argentina de 1983”, explicó Martin Christie.

“Por eso, siempre digo que disfruté muchísimo esa carrera y que para mí fue un placer haber sido su navegante. No solo porque compartí muchos días con él, sino porque también pasamos todo ese tiempo con un grupo de amigos fenomenales que él llevó a la carrera. Creo que en ese rally conjugamos mucho lo deportivo, con lo social y lo pasamos muy bien. Por eso, más allá de que el coche estaba lejos de ser el auto ideal para este Rally Argentina en Bariloche, el hecho de haber podido correr con ‘Paco’ Mayorga en un Lancia 037 fue un gran gusto que pude darme”, dijo Christie.

El binomio argentino en su paso por los extraordinarios paisajes del Sur argentino, Francisco Mayorga/Martin Christie.

Hasta aquí, conocemos la faceta afectiva del binomio y tal como citamos antes, también sabemos que la experiencia de “Paco” Mayorga en el “Rally CODASUR 1981” a bordo del 131 Abarth fue fundamental para que el piloto generara los contactos necesarios con los máximos responsables de Fiat/Lancia. Si bien Martin Christie nos ha contado acerca de cómo su amistad con Francisco fue el puntapié inicial para formar el binomio de cara al «Rally Argentina 1983», ¿qué tan complejo fue para el navegante aceptar este reto si se tiene en consideración sus acuerdos previos con otros pilotos?

Respecto de este enigma, Christie respondió: “En esa época, yo estaba muy bien mientras corría con Gabriel (Raies). Pero, desgraciadamente ese ‘Rally Argentina de 1983’ en el sur iba a demandar más o menos unos setenta días y todo el mundo decía por ese entonces que íbamos a tener que entrenar mucho. El problema es que setenta días de ausencia iban a ser demasiado para mí, porque en ese momento tenía un negocio en Villa Carlos Paz, con el cual me estaba yendo muy bien”.

“Entonces, me reuní para almorzar con Alcides Raies, Lidia y los tres hijos de la familia, para explicarles todo. Acabábamos de ganar el domingo anterior el ‘Rally Día de la Bandera’ con Gabriel en un Renault 12, dentro de nuestra categoría (N.de.R: Clase 2) y todos estábamos felices. Pero, en ese almuerzo les dije: ‘Alcides, yo no puedo irme durante tanto tiempo, porque mi negocio me necesita y sé que me puede ir muy bien’ ”, recordó Martin Christie en un detallado relato cronológico.

“Por supuesto, tanto Gabriel como los demás entendieron mi posición y pudimos resolverlo bien, dándole bastante tiempo a Gabriel, para que pueda buscar un nuevo navegante”, agregó en alusión a Roberto Bizzocchi, quien justamente acompañaría al piloto cordobés en el “Rally Argentina 1983”.

Aun así, Martin Christie confesó que, más allá de este dilema laboral, tenía un plan B preparado, el cual también compartió en una charla abierta y honesta con la familia Raies: “No es como si me hubiera convertido en un mercenario, pero les aclaré: ‘Si viene alguien y me paga lo que yo estimo que dejo de ganar por tener que irme al sur durante setenta días, entonces es posible que me vean con buzo (antiflama) y casco’. Efectivamente, ¡así fue!”.

Es en esta parte de la anécdota, donde Francisco Mayorga entra escena al relato cronológico. “Después de ese almuerzo, apareció ‘Paco’ y la posibilidad de correr con el Lancia que había dejado disponible Carlos Reutemann”.

“Recuerdo que me llamó Marcelo Tornquist, el acompañante de (Carlos) ‘Pájaro’ Garro, quien estaba en el Automóvil Club Argentino y me dijo: ‘Che, Martín, ¿es cierto que no corres (el Rally Argentina)?’ y cuando le dije que si, me respondió: ‘Mirá, Paco se enteró y me dijo que quiere correr con vos’. Entonces, me dio su teléfono, para que habláramos. Obviamente, nos pusimos de acuerdo al instante con ‘Paco’ y ¡allá fuimos!”, recordó Christie con una detallada claridad.

Pero, antes de adelantarnos y omitir accidentalmente algún parte de la historia, vayamos paso a paso. En primer lugar, ¿cómo se conformó este binomio entre piloto y navegante para afrontar la competencia con epicentro en Bariloche? Cuando volvimos a consultar al respecto para obtener más detalles, el tono de voz de Martin Christie adoptó un aura de alegría y nostalgia que lo llevó a decir: “Para mí, la experiencia de ese rally fue doble. Siempre digo que, por un lado, estuvo el auto y por otro, ‘Paco’. ¡Y no puedo dejar al costado a ‘Paco’ cuando hablo de esta carrera!”.

El binomio argentino Mayorga/Christie con el Lancia 037 y recorriendo la ruta «haciendo la hoja» con un Fiat 147.

Fue tras estas palabras que el experimentado co-piloto comenzó a describir cómo su vínculo afectivo con Francisco fue una de las claves para que ambos compartan dicha competencia. “Yo tenía una amistad con él desde hacía mucho tiempo. Cada año, viajaba a Buenos Aires, para visitarlo en sus oficinas de Maipú y Lavalle, donde tenía un local de venta de motos. Simplemente, iba a verlo siempre, porque teníamos un aprecio mutuo muy grande entre nosotros”.

Una vez que el binomio llegó a un acuerdo, ambos viajaron hacia el sur para reconocer los caminos del Rally Argentina 1983. “Entrenamos bien e hicimos una buena hoja de ruta. De hecho, ‘Paco’ ya tenía experiencia para elaborar una buena hoja, porque había corrido durante mucho tiempo con (Héctor) ‘Bebe’ Prado y el primero que le ayudó para hacer notas completas fue Alfredo Castellano, un amigo de él”.

“Hicimos los reconocimientos con un (Fiat) 147 Sorpasso, que SEVEL vendía a un precio privilegiado, para todos aquellos que quisieran correr en el Grupo 4, que era correr contra los Audi con un 147, pero así era la homologación ja ja. Pero, allá fuimos. Recorrimos las rutas de la carrera y creo que hicimos un buen trabajo”, comentó Martin Christie al rememorar unos ensayos en los que ya se podía divisar que la carrera tendría condiciones muy cambiantes, entre piso seco, barro, nieve y hielo.

Llegado este punto del repaso cronológico, bien cabe recordar que las prácticas previas a la carrera se llevaron a cabo un mes antes del “Rally Argentina”. Puntualmente, de los ensayos de Lancia solo tomarían parte Alén y Vudafieri, con el 037 Rally muletto que fue descartado por Reutemann, razón por la cual se convertiría en el auto alquilado luego por el propio “Paco” Mayorga.

Tal como citamos al inicio de este artículo y como bien describió el propio Martin Christie, el Lancia 037 Rally era uno de los autos menos indicados para hacer frente a las condiciones de piso extremadamente blando, movedizo y resbaladizo que tendría el “Rally Argentina 1983”, dada su tracción trasera.

De hecho, en declaraciones al ejemplo 896 de Revista CORSA, el propio Nini Russo admitió que lo máximo a lo que el equipo podría aspirar para este evento era un tercer lugar. Aun así, la racha exitosa en los rallyes anteriores daba confianza al directivo italiano para especular con que un podio en Argentina y una victoria en San Remo bastarían para ganar el título de constructores de forma anticipada.

Con esta noción de que no tendrían oportunidad de ganar, el equipo Lancia afrontó el “Rally Argentina 1983”. Pero, antes de comenzar, era momento de efectuar los últimos preparativos. Para ello, los tres 037 Rally efectuaron un breve ensayo el 31 de julio, dos días antes del inicio de la competencia. La caravana de los tres prototipos italianos del Grupo B partió desde el depósito que Fiat tenía en Bajo Belgrano, sector del barrio homónimo de la ciudad de Buenos Aires. Su destino final: un circuito de tierra ubicado en Pontevedra, donde Alén, Vudafieri y Mayorga probaron durante tres horas.

Esa corta y poca representativa experiencia fue la única práctica previa que el piloto argentino pudo tener con una bestia de semejante calibre, como el Lancia 037 Rally del Grupo B. El vehículo, desarrollado entre la marca italiana y el departamento de Abarth, había debutado en 1982 y montaba un motor central/trasero sobrealimentado de dos litros, cuatro cilindros en línea, inyección Bosch Kugelfisher, compresor Volumex de 2.793 cc y doble árbol de levas a la cabeza, lo que le permitía desarrollar hasta 320 hp.

Los nombres del Binomio argentino sobre los guardabarros delanteros del Lancia 037 Rally del Grupo B.

Dotado de una caja de cinco marchas, el Lancia 037 Rally pesaba tan solo 964 kg, tenía suspensión delantera y trasera independientes, con doble horquilla y frenos a disco en las cuatro ruedas, cuyos neumáticos Pirelli P8 eran los encargados de trasladar los 320 caballos a la superficie. Sin embargo, su condición de tracción trasera lo convertía en un auto más idóneo para el asfalto y la tierra firme o compactada.

Cualquier encuentro con pisos sueltos, blandos o condiciones de barro, nieve o hielo era sinónimo de una derrota inevitable contra los Audi Quattro y hasta de presenciar una lucha reñida, por momentos en desventaja, contra los coches de tracción delantera.

Por esa misma razón, se requería de un cierto período de adaptación hasta poder sacar un buen provecho de un vehículo de este tipo. Ni siquiera las grandes dotes conductivas de Luis Rubén Di Palma bastarían para completar un rol destacado en su debut con un Audi Quattro A2 de tracción integral. Al igual que el arrecifeño, “Paco” Mayorga también tenía por delante un rally de aprendizaje, bajo condiciones extremas, en las que los caminos invitaban más a la máxima precaución, que a disfrutar de la inmensa potencia y prestaciones que podían ofrecer los coches del Grupo B.

Aun así, el propio Mayorga se mostró muy entusiasmado después de su primer test con el Lancia 037 Rally en Pontevedra. “Básicamente, este auto es igual al (Fiat) 131 que manejé (en 1980). Pero, por supuesto, (el Lancia) hace todo mejor. Y lo que más me impresiona es cómo frena. ¡Increíble!”, dijo “Paco” tras el primer ensayo, en declaraciones publicadas en el ejemplar 896 de Revista CORSA.

“En lo personal, correr sobre un Lancia 037 fue una de las mejores cosas que me ha pasado en la vida, por lo que significó el auto en sí mismo. Fue un auto muy exitoso y muy bien concebido para su época. Lo único malo es que se trataba de un coche de tracción simple, por lo que no era el auto ideal para este Rally Argentina en particular. Pero, por lo demás, ¡el Lancia era fantástico!”, recordó Martin Christie.

“Antes de esa carrera, lo único que ‘Paco’ había podido hacer con este auto fue dar unas veinte vueltas a un circuito de tierra, cerca de Capital Federal, en la provincia de Buenos Aires. Después de eso, él no pudo empezar a manejar realmente el auto hasta que llegó el momento en que largamos la carrera. ¡Apenas comenzábamos a ver de qué se trataba este auto! Por eso, nuestra primera etapa fue de aprendizaje”.

“Recuerdo que era un auto que demandaba tener un cierto entrenamiento previo para poder manejarlo y se trataba de un tipo de auto al que tenías que haber manejado durante muchos kilómetros para ser capaz de sacarle un buen rendimiento, lo cual no fue ningún problema para Vudafieri, ni Alén”, explicó el navegante.

“Pero, si bien el 037 era un auto fantástico y buenísimo, cuando Lancia vino a la Argentina, trajo dos autos de forma oficial y sabía que esta no iba a ser una carrera favorable para ellos, sobre todo si tenemos en cuenta las condiciones sobre las que íbamos a correr”.

“El problema no estaba en la primera etapa, porque todo era llano y seco entre La Pampa y Neuquén. El verdadero problema para Lancia empezó en Bariloche, sobre todo cuando tuvimos que hacer el sector en bajada desde Rahue, Zapala hasta San Martín de los Andes. En toda esa sección fue donde empezamos a encontrar el barro y el mal clima. En esas condiciones, la diferencia que puede marcar un auto de tracción integral es terrible por sobre aquellos que tenían dos ruedas motrices, porque consiguen circular a una velocidad muy superior”, agregó Martin Christie.

El Lancia 037 Rally del binomio argentino Francisco Mayorga/Martin Christie.

Tal como describió el experimentado navegante, la primera etapa, desde Buenos Aires hasta Neuquén, comenzó el 2 de agosto, con dos pruebas especiales y 165 kilómetros cronometrados. Si bien los caminos presentaron llanuras, largas rectas y curvones difíciles, los Audi comenzaron a tomar la delantera y sacar ventaja sobre los Lancia ¡que aún no habían llegado al terreno más complicado!

En los primeros dos tramos, Fray Luis Beltrán – Valle Azul (81,50 km) y Valle Azul – Paso Córdoba (83,70 km), “Paco” y Martin marcaron el undécimo mejor tiempo absoluto y el octavo entre los coches del Grupo B que había traído el convoy europeo del WRC. De esta manera, el binomio argentino lograba cerrar la primera etapa en el décimo lugar de una clasificación general, que ya se observaba dominada por los Audi de Blomqvist, Mikkola, Mehta, Mouton y Di Palma, en ese orden.

“Durante la primera etapa, sobre piso seco, el Lancia era una maravilla”, comentó Martin Christie. “Pero, debo decir que ‘Paco’ frenaba muy lejos (de las curvas) y no aprovechaba muchas cosas del auto. No fue porque él sea un mal piloto, sino porque desconocía cómo había que manejar el auto y apenas estaba empezando a ver de qué se trataba esta experiencia de manejar un Grupo B”.

Luego de superada la primera dificultad, el verdadero desafío del “Rally Argentina 1983” comenzó con la segunda etapa, donde tal como describió el navegante, los competidores empezaron a encontrar las condiciones más complicadas. A la postre, se convertiría en una etapa decisiva, para definir cuáles serían los selectos binomios cuyas máquinas podrían ser capaces de seguir en carrera para las últimas dos jornadas.

La segunda etapa del 4 de agosto de 1983 deparó un total de 317 km cronometrados, divididos en cuatro pruebas especiales que llevaron a los competidores desde Neuquén hasta Bariloche. Mientras los caminos deparaban más y más barro, nieve y hielo, los Audi Quattro A2 conseguían una tracción y circulación sin graves inconvenientes. Pero, todos los demás binomios se vieron restringidos a un manejo excesivamente cauteloso, incluido todos los Lancia 037 Rally de tracción trasera. Cualquier mínimo error, era sinónimo de terminar fuera de carrera.

En ese contexto, hasta los pilotos europeos del WRC pusieron su malestar de manifiesto, sobre todo dado que los autos debían transitar por sectores puntuales que estaban sumamente nevados y helados. En estas zonas, los niveles de tracción y grip eran escasos, incluso para los Audi, ya que la competencia no tenía permitido el uso de neumáticos con clavos.

De hecho, el ejemplar 897 de Revista CORSA contiene declaraciones textuales de Michele Mouton, quien se mostró molesta con la imposibilidad de usar gomas con clavos frente a condiciones a las que señaló como “extremas”. Al mismo tiempo, Markku Alén también describió al mismo medio que hasta ese entonces, nunca antes había visto lodazales y condiciones semejantes, a excepción de los rallyes en África.

Llegado este punto de la carrera, la suerte para el binomio Mayorga – Christie comenzó a terminarse. La dupla del tercer Lancia 037 había podido superar los 108,60 km de la primera prueba especial del sábado, Zapala – Rahue, con el octavo mejor tiempo. Sin embargo, el empeoramiento de las condiciones en el siguiente tramo de Rahue – El Tropezón (81,82 km) marcaría el final definitivo para la participación de los argentinos.

El binomio argentino Mayorga/Christie transitando a bordo del Lancia 037 Raly del Grupo B.

“Cuando empezamos a hacer el primer tramo de la segunda etapa, bajando la zona de Rahue, el auto se volvía muy difícil de llevar sobre el barro. Pero, no solamente nos costaba a nosotros, ¡sino que a los europeos también!”, sostuvo Martin Christie. “Para que tengan una idea, hasta los Renault 18 y los Renault 12 circulaban mejor, porque tenían tracción delantera y no trasera, como el Lancia 037. Entonces, eran autos más dóciles”.

“Nosotros, abandonamos la carrera antes de llegar a Junín de los Andes, ¡yendo en segunda marcha a 40 km/h! De repente, nos encontramos con un lodazal en una recta, dentro de un camino muy abovedado. ‘Paco’ aceleró un poco de más y eso fue suficiente para que perdiera la cola del coche y termináramos afuera, en la banquina. Desgraciadamente, nos quedamos ahí y no pudimos continuar”.

A partir de allí, nuestro binomio protagonista comenzaría a escribir otra pequeña historia en dos partes. La primera, con todas las ideas y esfuerzos aplicados para tratar de remover al Lancia del barro y devolverlo al camino. Pero, tras un intento infructuoso, Mayorga y Christie desandarían la última parte de su historia en el Rally Argentina 1983, aquella que los llevó a ver el resto de la competencia desde otra perspectiva más social y afectiva, pero que les resultó útil para tomar una nueva dimensión de cuán compleja y difícil se había vuelto la carrera.

Luego de que ambos se hayan quedado atascados en el barro, Martin Christie describió que un útil recuerdo les dio una idea interesante para sacar al Lancia del lodo. “Yo sabía que muy cerca de ese lugar había una especie de puesto de vialidad o una empresa constructora, que estaba arreglando un puente. En ese momento, le dije a ‘Paco’ que me esperara en el lugar donde se quedó el auto, mientras yo iba a buscar a alguien que nos auxilie. Él me dijo que no lo haga, que yo estaba loco. Pero, yo me le dije ‘dejame ir’ y me fui solo”.

“En un momento, empecé a hacerle señas a un Peugeot 504 que venía en carrera y que pudo parar a ayudarme, porque todos venían circulando muy lento por el barro. Cuando el auto paró, les pregunté: ‘Por favor, ¿pueden llevarme?’. Ellos aceptaron, me senté en la falda del acompañante y me llevaron de esa forma durante tres o cuatro kilómetros, hasta el lugar donde estaba esta empresa constructora, que tenía un montón de gente mirando la carrera”.

“Por suerte, a la gente de esta compañía les encantó mi idea y me acompañaron con una camioneta 4×4. Tuvimos la fortuna de haber podido desencajar al Lancia, pero nos quedamos aproximadamente un minuto afuera del tiempo permitido en el control horario para largar el siguiente tramo, en Confluencia. Eso se debió a que habíamos perdido muchísimo tiempo mientras estábamos encajados con el auto”, lamentó Martin Christie.

Si bien la fabulosa experiencia de competir a bordo de un Lancia del Grupo B duró poco más de 273 kilómetros competitivos, ¡no queda ni un solo reproche para el navegante! “A pesar de lo que pasó, la carrera hasta ese momento fue una gran experiencia para nosotros y ‘Paco’ también lo disfrutó muchísimo”.

A partir de ese momento, Christie y Mayorga emprenderían una iniciativa de la cual hemos hablado en nuestro informe especial, sobre el significado que tiene el Rally Argentina para muchos competidores. En el caso del binomio argentino de Lancia, su idea fue seguir viendo la carrera al costado del camino. Como citamos previamente, esto le permitiría a la dupla tener otra perspectiva que solo asentó aún más su noción de que, de alguna u otra manera, la competencia habría sido un desafío muy difícil de superar.

Hermosa foto del Lancia 037 Rally del Grupo B, del binomio argentino Francisco «Paco» Mayorga – Martin Christie.

“En la noche de aquel día en el que abandonamos, estábamos cenando en Bariloche y se acercó a nosotros el ‘Pájaro’ Garro, así que acordamos entre todos que íbamos a ir a ver el primer tramo de la etapa siguiente (N.de.R: Lago Guillermo – Los Repollos – 61,90 km), en la zona del Cañadón de la Mosca”, recordó Martin Christie.

“¡Así fue! Salimos al día siguiente con nuestro Fiat 147 Sorpasso, en el que íbamos junto a ‘Paco’ y Garro. Llegamos a una curva, que era una especie de horquilla a la derecha, en la que se podía ver desde lo alto cómo venían los coches por el camino de la carrera. Entonces, estacionamos y nos quedamos a mirar el rally desde ese lugar”.

“De repente, llegaron los Audi y cuando los vimos, parecían unos coches de scalextric, que pasaban sin ningún tipo de problema para acelerar y traccionar. Después, empezamos a sentir unos ruidos, como una especie de intermitencia muy suave del acelerador ¡Eran Alén y Vudafieri! Venían con cero tracción, porque además no teníamos permitido correr con clavos y solo estaban disponibles los neumáticos normales para tierra”.

“Había muchas zonas entre el Cañadón de la Mosca y El Bolsón, donde la nieve se había transformado en hielo. Entonces, si no tenés clavos ¡no hay forma de llevar un auto derecho sobre el hielo! Efectivamente, después de haber visto pasar a los Lancia, comenzaron a llegar los Renault 18 y Renault 12 de Ernesto Soto, Jorge Recalde, Carlos Celis, ¡y puedo dar fe de que me dio la impresión de haberlos visto pasar mucho más fuerte que los Lancia!”

“Realmente, a los dos 037 les costaba horriblemente pasar por ese tipo de sectores. De hecho, las condiciones eran tan extremas, que cuando ‘Paco’ vio esa escena me dijo: ‘Si no hubiéramos abandonado ayer en el barro, nos habríamos quedado fuera de carrera hoy en la nieve’. La verdad es que manejar ese auto sobre esas condiciones era muy, muy difícil”.

“De hecho, los europeos dijeron que nunca antes habían corrido una carrera que combinara el Rally de Suecia con el Safari de Kenia. Creo que ese comentario fue una muy buena ejemplificación de lo que significó ese Rally Argentina. Creo que no era lo ideal que se corra este tipo de carrera en invierno. Fue así que desde 1984 la carrera se trasladó a Córdoba y se mantuvo allí hasta el día de hoy”, agregó Martin Christie.

Mientras los protagonistas de nuestra historia se despedían del Rally Argentina 1983 y comenzaban a disfrutar de la carrera desde otra perspectiva más relajada, Audi mantenía su firme dominio en la general. Tras la segunda etapa, los Quattro A2 acaparaban los primeros puestos de la general. Si bien Blomqvist mostraba indicios de ser otro candidato al triunfo, la marca alemana determinaría que el triunfo de ese evento tendría que ser para Hannu Mikkola, quien a la postre igualaría en victorias a Walter Röhrl, un hecho clave para mantenerse cerca del alemán en la lucha por el título de 1983.

Las dos últimas etapas del Rally Argentina de aquella temporada comprendieron dos bucles en los alrededores de Bariloche, con una penúltima jornada que abarcó siete pruebas especiales y unos extenuantes 447 km cronometrados. Dejadas atrás las duras condiciones de barro, nieve y hielo, la carrera mantuvo condiciones cambiantes de piso, pero bajo unos estándares más normales.

En ese contexto, Audi aplicó sus órdenes de equipo y comenzó a gestionar la carrera con distintos roles para sus pilotos. Mientras Mikkola estaba destinado a mantenerse como dominador de la general, Blomqvist saldría a probar diferentes neumáticos para otras carreras y Metah haría lo propio con distintas presiones de turbo. De esta manera, el equipo garantizaría que ningún compañero intente acercarse al finlandés, por lo que el destino de la competencia ya estaba decidido incluso desde el ecuador de la misma.

El piloto finlandés Hannu Mikkola corrió 123 pruebas del Mundial de Rally y triunfó en 18 de ellas, pero ganó sólo un título mundial: fue en 1983 y tras ganar el Rally de Argentina, con un Audi Quattro A2.

Concluidas las últimas cinco pruebas especiales y 324 km cronometrados, el 6 de agosto se concretó el dominante triunfo de Hannu Mikkola en el Rally Argentina 1983 y el aplastante 1-2-3-4 de Audi, completado por Blomqvist, Mouton y Mehta. Si bien Lancia aspiraba como máximo a un podio en esta carrera, un quinto lugar fue lo mejor que Markku Alén pudo conseguir con su Lancia 037 Rally, mientras que su compañero, Adartico Vudafieri, tuvo que retirarse en la PE15 por un vuelco. El austriaco Franz Wurz fue el último mejor piloto europeo, al haber llegado sexto con su Audi 80 Quattro.

Con respecto a los pilotos argentinos, la gran esperanza popular, Luis Rubén Di Palma, debió retirarse prematuramente en la quinta prueba especial, durante la tortuosa segunda etapa del rally. En su estreno con un Audi del Grupo B y su primer rally, el arrecifeño pecaría de inexperiencia en las duras condiciones de barro, nieve y hielo, con un golpe frontal contra una base montañosa, la cual dañó la mecánica delantera de su Quattro A2. Entre los coches nacionales, Raies, Moroni y Bescham también se vieron privados de terminar, al quedar atrapados en las complicadas y fangosas rutas aledañas a Bariloche.

Sin embargo, cuatro binomios argentinos completaron la carrera en el top 10, sobre un total de 27 competidores que fueron capaces de llegar a la meta. Tal como se presagiaba, el equipo oficial Renault terminó como el mejor ubicado de forma absoluta en la general, con Ernesto Soto y Mario Stillo en la séptima posición y Jorge Recalde junto a Jorge “Bicho” del Buono en el octavo lugar. Si bien ambos sufrieron atascos en el barro y diversos problemas con sus 18 GTX, los dos pudieron terminar como los mejores argentinos clasificados y además lograron el 1-2 en la general del Grupo A.

Más allá de estos resultados finales, como hemos podido comprobar en este artículo, a veces no es necesario concluir una carrera titánica para ser protagonista y relator de una excelente historia. En este caso, Martin Christie y “Paco” Mayorga compartieron una interesante y rica anécdota, que ha combinado la competencia de rally más importante para la Argentina, en condiciones que fueron únicas e irrepetibles.

Todo esto, con el agregado de uno de los haberse dado el gusto personal de competir sobre uno de los coches más emblemáticos en la historia del WRC y del Grupo B. Pero, por sobre todo, tuvieron la dicha de compartir todos estos privilegios bajo una serie de grandes valores humanos, como la amistad, el compañerismo y la camaradería, tan propios de este hermoso deporte.

El excorredor de autos y secretario de Turismo durante el menemismo falleció a los 75 años. Tras sufrir una larga y penosa enfermedad, el día 27 de Noviembre de 2013.

1983 World Rally Championship: Argentina.

Publicado por prensaohf

Periodista y Corresponsal Naval.

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