«Palabras»

Por: Richard Bach del libro “El Don de Volar” – Para: Prensa OHF

Me hallaba a ochenta kilómetros al noroeste de Cheyenne volando a 3.750 metros de altura. El motor del Swift zumbaba calladamente ahí delante, como lo había hecho durante las tres horas que habían transcurrido desde mi despegue y como esperaba que siguiera durante treinta horas de vuelo a campo traviesa. Los instrumentos se veían alertas y confiados allí en el tablero; señalaban presiones, temperaturas, velocidad y viento y me decían que todo marchaba bien. La visibilidad era ilimitada. Yo no había registrado un plan de vuelo.

Estaba allí arriba volando solo, pensando en la semántica, sin la más mínima sospecha de lo que iba a ocurrir dentro de cuatro minutos y medio. Miraba las montañas y el desierto, la altitud y la presión del aceite, el amperímetro y las primeras nubes dispersas del día y pensaba en algunas de las palabras que se utilizan en la aviación y lo que ellas significan para el resto del mundo.

Tomemos plan de vuelo, por ejemplo. El significado resulta obvio para cualquiera que lo piense. Un plan de vuelo implica un cierto orden, disciplina, responsabilidad, un objetivo.

Temperatura del aceite, 75 centígrados… uno se siente bien al pensar que el Swift tiene ese refrigerador del aceite.

“Pero —pensé—, para la Administración Federal de Aviación un plan de vuelo no es en absoluto un plan para volar. Es un formulario AFA 7233-1. Un plan de vuelo es una hoja de papel de 12 cm por 20 que queda archivado para alertar a la AFA sobre la necesidad de búsqueda y rescate de un avión que no ha llegado a destino. Para los que saben, el plan de vuelo es una hoja de papel. Los que no saben creen que un plan de vuelo es un plan para volar.”

Pensaba en eso mientras me dirigía hacia el oeste de Cheyenne. Recordé las noticias que había leído: un avión de transporte a reacción de una línea aérea chocó contra un Cessna ligero, de entrenamiento, estacionado y amarrado en el aeropuerto. El Cessna que, quedó aplastado, no había registrado un plan de vuelo…

No había registrado un plan de suelo, en el lenguaje de las noticias, quiere decir Culpable, Causante del accidente, Merece todo lo que le ocurrió.

¿Por qué la AFA no ha definido nunca a los reporteros el significado de plan de vuelo? ¿Acaso la Administración quiere hacerlos creer que cualquiera que no haya pedido búsqueda y rescate a través de un formulario 7233-1 es culpable y causante del accidente? Es extraño lo cómodo que resulta, ante cualquier contratiempo, mencionar a los reporteros que el avión ligero no llevaba un plan de vuelo. O mejor aún, cuando preguntan: “¿Había presentado un plan de vuelo?”, replicar de mala gana y con dolor:

“Bueno, señores, no. Lamentamos mucho decirlo, pero el avión no había registrado un plan de vuelo.”

A menos de dos minutos del suceso, los instrumentos siguen estabilizados.

Dirección 289 grados. Altitud 3.738 metros. Pero yo sigo pensando en las palabras. Son tantas, hay tantos términos y descripciones tan cuidadosamente elegidos por los organismos oficiales que los pilotos desconfiados podrían llegar a pensar que se trata de trampas armadas astutamente para el ciudadano corriente que ha aprendido a volar.

El Swift tiene equipo convencional; es un ala baja; Sus puertas de mariposa y ventanas delanteras se asemejan a un dosel. ¿Qué más tienen esos atributos? El North American P-51 Mustang. Pero el Globe Swift es un poco más accesible para el piloto diario que un P-51. 

Torre de control. Controlador del tráfico aéreo. ¿De dónde salieron esos nombres? No controlan en absoluto. La gente de la torre habla con los pilotos y los aconseja sobre las condiciones del momento. Son los pilotos los que llevan a cabo todo el control que se hace. ¿Un detalle semántico y sin importancia? Cuántas veces ha escuchado al profano decir: “¿Su aeropuerto no tiene torre de control? ¿Pero no es peligroso?.” Imagínense la impresión que se llevarán cuando se enteren de que según la terminología oficial un campo aéreo sin torre es un ¡aeropuerto incontrolado! ¡Traten de explicarle eso a un reportero! Las mismas palabras hacen pensar en un accidente inminente, en aviones que se estremecen antes de caer sobre escuelas y orfelinatos. La siguiente es una descripción de millones y millones de despegues, del tipo que se hace cada día, cada minuto: “El avión ligero despegó de un aeropuerto incontrolado, sin control de radio y sin un plan de vuelo.” ¡Qué barbaridad!

Una ruta aérea no tiene nada que ver con una autopista; esta última es una franja lisa sobre la tierra, en la que los coches se mueven en forma rápida y eficiente. Una ruta aérea es de hecho un canal que obliga a los aviones a volar lo más próximos unos de otros, en lo que de otro modo sería un cielo ilimitado.

Altitud de cuadrante. Un término autorizado, muy técnico, que describe un sistema que, en el mejor de los casos, asegura que no se producirán choques frontales en el aire.

Mire a su alrededor y compruebe si no hay otros aviones. Resulta demasiado sencillo.

En cualquier sociedad que rehúsa confiar en el ser humano, en cualquier civilización que exige una seguridad garantizada a través de una cajita de hierro infalible, en vez de confiar en el individuo, mire a su alrededor resulta vergonzosamente poco digno. Vaya, no tiene ninguna sofisticación, esto es lo que ocurre.

Me había llegado el momento. Volaba exactamente a 3.741 metros, nueve metros bajo la altitud de cuadrante prescrita para los vuelos al Oeste. Me encontraba en la Victor 138, la ruta aérea que va de Cheyenne a Medicine Box, Wyoming.

El otro avión también iba en la Victor 138, también a 3.741 metros, pero volaba directamente en una línea que atravesaba de frente el cono de la hélice del Swift, la carlinga y el fuselaje de popa y de ahí hasta el timón y luego salía al aire libre. El otro avión volaba 9 metros más abajo de la altitud establecida. Yo tenía el paso, pero él volaba un C-124, que en un momento dado fue el cuatrimotor de transporte más grande del mundo.

El Swift y yo decidimos no discutir a propósito de quién tenía la razón y me aparté suavemente de su camino. Me di cuenta de que el 124 es en realidad un avión enorme.

Yo estaba asombrado. Santo Dios, ese hombre era un piloto profesional, ¡un piloto de la Fuerza Aérea! Y estaba volando a mi altura. ¡Está equivocado! Vuela hacia el Este en la altura que corresponde al Oeste. ¿Cómo puede hacer algo así un piloto profesional, cómo puede equivocarse tanto y en un avión tan gigantesco?

No nos acercamos demasiado. El 124 es un pedazo de hierro lo suficientemente monstruoso como para ser visto mucho antes de estar a punto de chocar. Pero de todos modos ahí estaba, exactamente a mi altitud, cien toneladas de acero y aluminio que habían equivocado el camino.

El Douglas C-124 Globemaster II fue una aeronave de transporte pesado y de carga, de fabricación estadounidense, desarrollada a partir del C-74 Globemaster por la Douglas Aircraft Campany en Long Beach (California), para la USAF.

Si me hubiese entretenido demasiado con mi mapa y el gigante hubiese volatilizado al Swift, no tengo ninguna duda respecto de la información que hubiese aparecido en los periódicos. Después de explicar que el Swift se había hecho polvo contra un carenado secundario del ala del transporte, mostrando quizá la pequeña hendidura que había hecho allí, la noticia habría terminado así: “Un portavoz de la AFA expresó su pesar por el accidente, pero al ser interrogado admitió que el avión ligero no había registrado un plan de vuelo.”

Publicado por prensaohf

Periodista y Corresponsal Naval.

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