Una voz en la oscuridad

Por: (*) Richard Bach (del libro: “El Don de Volar”)
Publicado por: Prensa OHF

Desde la primera vez que pulsé el botón de arranque de un aeroplano, hace ya algún tiempo, he querido saber qué es realmente un avión. Mil horas de vuelo con buen o mal tiempo me han enseñado un poco sobre los aeroplanos. Sé qué se puede conseguir con ellos y qué no se puede hacer con algunos de ellos. He aprendido cuáles son los elementos que se necesitan para construir un avión y especialmente la manera como ellos se complementan. Sé que el revestimiento está unido a las riostras mediante remaches y que éstos se unen del mismo modo a las costillas y las mamparas. Los mecánicos me han enseñado que las hélices deben armonizar con los motores y que los álabes de la turbina deben ser instalados en pares contrapesados. Me he enterado de que algunos aviones unen sus partes con alambre, mientras otros necesitan pernos atornillados con exacta precisión.

Pero a pesar de todo esto nunca he comprendido qué es realmente un aeroplano o por qué es diferente de cualquier otra máquina.

Hace algunas noches, justamente al cumplir seis años de mi iniciación como piloto, encontré la respuesta. Había salido a caminar por los hangares de una base de cazas y me encontraba apoyado en el ala de un viejo amigo. La noche estaba en calma y no había luna. La débil luz de las estrellas y un par de luces rojas intermitentes trazaban el contorno de una oscura colina a un lado de la pista. Yo respiraba olor a combustible, luz de las estrellas, aluminio y el apacible aire de la noche. En el silencio hablé con mi amigo, que era casualmente un T-33, y le pregunté a quemarropa aquello que yo no conseguía responder.

—¿Qué eres, aeroplano? ¿Qué tiene tú y tu numerosa familia que ha hecho que tantos hombres abandonen todo lo que conocen y se entreguen a ti? ¿Por qué desperdician su preocupación y su honesto amor humano en ti, que no eres más que unos cuantos kilos de acero, aluminio, gasolina y fluido hidráulico?

Una ligera brisa se arremolinó junto a nosotros y silbó para sus adentros en el tren de aterrizaje. La respuesta del T-Bird me llegó clara como una voz en la oscuridad, como si me repitiera pacientemente algo que me había estado diciendo desde la primera vez que nos vimos.

—¿Qué eres tú —preguntó— sino unos cuantos kilos de carne y sangre, de aire y agua? ¿Eres algo más que eso?

—Por supuesto —respondí en la oscuridad, y escuché el lejano y solitario murmullo de uno de sus hermanos allá arriba, que trazaba un camino por el silencio con su ligero y distante rugir.

Douglas DC-8 avión de transporte de pasajeros.

—Así como tú eres más que tu cuerpo, yo también soy más que mi cuerpo —dijo, y se quedó en silencio. El gesto perfecto de su estabilizador vertical mostraba su silueta intermitente contra el solemne rayo de la baliza de la torre que trazaba su interminable sendero circular.

Tenía razón. Así como la personalidad y la vida de un hombre no se encuentran entre las páginas de un libro de anatomía, así también la personalidad y la vida de un aeroplano no están entre las páginas de un manual de ingeniería aeronáutica. El alma de un avión, que él nunca puede ver ni tocar, es algo que el piloto capta: una impaciencia por volar, un rendimiento que según los gráficos no debería existir, pero se da, un espíritu detrás de la masa de metal destrozado por las balas que aterriza en un aeropuerto inglés con tres hélices detenidas. Lo que el piloto quiere manejar no es el metal sino el alma del avión, y ésa es la razón por la que pinta su nombre sobre el morro. Y con esa alma los aviones tienen una inmortalidad que uno puede sentir cuando camina por un aeropuerto.

El aire sobre las pistas, rasgado por las palas de las hélices y quemado por el ruido de catarata de un reluciente tubo de escape, es parte de la inmortalidad de un aeroplano.

Las inmóviles luces azules a lo largo de las pistas en la noche son parte de ella y también el anemómetro en el remate de la torre y la pintura blanca que señala el número de las pistas en el asfalto. Incluso la vacía franja de hierba al final de cientos de kilómetros de ondulantes llanuras, vive con la tranquila espera de un motor que ruge y se aproxima y de unas ruedas negras que tocan la pradera.

Avión Nieuport Veestrutter de la Primera Guerra Mundial. Établissements Nieuport es una empresa francesa de fabricación de aviones.

Podemos lanzar al cielo un DC-8 en vez de un Nieuport Veestrutter y hacerlo desde una plataforma de tres kilómetros de hormigón reforzado en vez de una pradera cubierta de lodo, pero el cielo por el que se desliza el DC-8 es el mismo que recibió a Glenn Curtiss, a Mick Mannock y a Wiley Post. Podemos hacer desaparecer alguna de las islas del mar y transformar la ruta de los pioneros en autopistas de seis carriles, pero el cielo es el mismo cielo que ha sido siempre, con los mismos riesgos y las mismas recompensas para los que viajan por él.

El verdadero vuelo, me enseñó mi amigo, es el espíritu de un avión que levanta el espíritu de un piloto hacia el límpido azul del cielo, donde se unen para compartir el sereno sabor de la alegría y la libertad. Como los camiones y los trenes, los aeroplanos se han convertido en prosaicos caballos de tiro; su alma y su personalidad no se advierten ahora tan fácilmente como antes. Pero siempre existen.

Aunque no se pueda encontrar una industria que no se beneficie con un avión y aunque existen miles de razones para volar, en un principio los hombres lo hicieron por el gusto de volar. Wilbur y Orville Wright no dieron al mundo el avión motorizado para transportar carga o para realizar combates aéreos. Lo inventaron por la misma egoísta razón por la que Lilienthal se aferró firmemente a sus alas de tela y bambú y saltó de su pirámide: querían liberarse de la tierra. Eso es vuelo puro acompañado del gozo de viajar por el aire como un fin en sí. Y de vez en cuando preguntamos: ¿Qué eres, aeroplano?

La respuesta que encontré esa noche no es nueva. Hace mucho tiempo que los pilotos saben que los aviones tienen un alma y una vida propias. Pero la primera vez que un piloto cae en la cuenta es como la primera vez que tomó los controles solo y vio cómo la tierra se alejaba.

(*) Richard Bach:

Es un escritor estadounidense. Es ampliamente conocido por sus populares novelas de la década de 1970: Juan Salvador Gaviota e Ilusiones, entre otras. Los libros de Bach exponen su filosofía de que los aparentes límites físicos y mortalidad son solo apariencias. Bach es reconocido por su amor a volar y sus libros relacionados con la aviación. Ha volado como un hobby desde los 17 años.

Casi todos sus libros tienen relación con el vuelo y los aviones. Su éxito más famoso fue Juan Salvador Gaviota. La espiritualidad es uno de los temas principales de este libro, que fue incluido en una publicación titulada 50 clásicos espirituales, y de libros como Manual del Mesías: Recordatorios para el Alma Avanzada e Ilusiones cuyo título original es Illusions: The Adventures of a Reluctant Messiah, entre otros. Después, trabajó como mecánico de fabricación de aviones y como mecánico de estaciones generadoras de energía eléctrica.

«No pierdas tu pasión por el cielo y te prometo: lo que amas hallará el modo de alzarte de la tierra, muy alto, hasta darte respuestas para todas las preguntas que puedas formular». (El puente hacia el infinito).

«Un diminuto cambio hoy nos lleva a un mañana dramáticamente distinto. Hay grandiosas recompensas para quienes escogen las rutas altas y difíciles, aunque esas recompensas permanezcan ocultas por años». (Uno).

SUS OBRAS:

Ajeno a la Tierra (1963) (Stranger to the Ground). Biplano (1966) (Biplane). Nada es azar (1969) (Nothing by Chance). Juan Salvador Gaviota (1970) (Jonathan Livingston Seagull). El don de volar (1974) (A Gift of Wings). Ilusiones (1977) (Illusions: The Adventures of a Reluctant Messiah). Ningún lugar está lejos (1979) There’s No Such Place as Far Away. El puente hacia el infinito (1984) (The Bridge Across Forever): (A Love Story). Uno (1988) (One). Al otro lado del tiempo (1993). Alas para vivir (1995) (Running from Safety). Fuera de mi Mente (2000) (Out of my Mind). Crónicas de los hurones I. En el mar (2002). Crónicas de los hurones II. En el aire (2002). Crónicas de los hurones III. Con las musas (2003). Crónicas de los hurones IV. En el rancho (2003). Manual del Mesías: Recordatorios para el Alma Avanzada (2004) (Messiah’s Handbook: Reminders for the Advanced Soul). Vidas Curiosas: Las Aventuras de las Crónicas del Hurón (2005) (Curious Lives: Adventures from the Ferret Chronicles). Vuela Conmigo (2009) (Hypnotizing Maria). Gracias a tus malos padres (2012) (Thank Your Wicked Parents: Blessings from a Difficult Childhood). Viajes con Puff (2013) (Travels with Puff): (A Gentle Game of Life and Death).

Publicado por prensaohf

Periodista y Corresponsal Naval.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: